A Paloma,Querida ave
mensajera:
No tus manos,sino tus alas,han batido el vientoasí de fuerte,para que alcanzase,tu carta,mis manos.
Cayó la noche aquí arriba.Deseo que no haya pasado tanto tiempodesde esas lluvias sorpresivas,hasta la cúspidede esta jirafa de hierro,para devolverteuna parte aunque seade tus palabras.Imagino que imaginarahondando el frio silenciode mi huida,ha habido de ser duro,puedo imaginar tu rostro.Estando acompañado de gaviotasy nubespensarías quizás que ya no te amo,o que nunca lo hice,déjame decirte(la luna lo atestigua)no es así.
Confieso,Entre el ardor en mi pechoY estás suaves lágrimas mías:Fue tanto el ruido del amor...Tuve que huirlejos hasta lo alto del mundo,casi rozando el cielo inmenso,allí donde las bocinas suenan menos,allí donde las estrellas aún me recuerdantu nombre.
Ojalá aún sabiendo el desamparoen que yo mismo me he metido,que a pesar de las distancias,las lluvias,las horas,y los tiernos peces azules,aun sepas que te amo.
Cartas al rey de la cabina - Luis Pescetti y Juan Quinteros.
No tus manos,
sino tus alas,
han batido el viento
así de fuerte,
para que alcanzase,
tu carta,
mis manos.
Cayó la noche aquí arriba.
Deseo que no haya pasado tanto tiempo
desde esas lluvias sorpresivas,
hasta la cúspide
de esta jirafa de hierro,
para devolverte
una parte aunque sea
de tus palabras.
Imagino que imaginar
ahondando el frio silencio
de mi huida,
ha habido de ser duro,
puedo imaginar tu rostro.
Estando acompañado de gaviotas
y nubes
pensarías quizás que ya no te amo,
o que nunca lo hice,
déjame decirte
(la luna lo atestigua)
no es así.
Confieso,
Entre el ardor en mi pecho
Y estás suaves lágrimas mías:
Fue tanto el ruido del amor...
Tuve que huir
lejos hasta lo alto del mundo,
casi rozando el cielo inmenso,
allí donde las bocinas suenan menos,
allí donde las estrellas aún me recuerdan
tu nombre.
Ojalá aún sabiendo el desamparo
en que yo mismo me he metido,
que a pesar de las distancias,
las lluvias,
las horas,
y los tiernos peces azules,
aun sepas que te amo.
Cartas al rey de la cabina - Luis Pescetti y Juan Quinteros.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario