Vos, a veces,
te vas y no volvés.
Vos, a veces,
te quedás y desapareces.
Y tu voz también.
Te quedás tranquilo y tocas
el cielo con tus manos.
La agonía de existir y no pensar es
la asfixia que algún Dios nos
hizo pagar,
para que entiendas que no existe Dios.
Eso me lo dijo mi propio Dios.
¿Y para qué?
Si no vas a volver.
¿Para qué dormir si luego hay que comer?
¿Para qué zafar? si el miedo es a perder casi todo
alguna vez.
Y si el tiempo me corre yo sigo!
El mundo,
el mundo está de testigo.
Y como todo cambia si acá estás vos.
Y como todo cambia si no estás vos.
Un humo dulce anhelas, al parecer,
si te embriaga la paz;
¿Para qué correr?
Correr del tiempo,
del tiempo,
alguna vez.
Y disparas al mar sin ver el porqué.
Y lo pensás: Se te hace agua la boca.
Y suspiras: hay que vivir lo que toca.
Si no vas a volver.
¿Para qué dormir si luego hay que comer?
¿Para qué zafar? si el miedo es a perder casi todo
alguna vez.
Y si el tiempo me corre yo sigo!
El mundo,
el mundo está de testigo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario