Margarita, mirá que no estamos solos.

 El agua fresca devolvió:

Su traje, la capa, el puñal,

el cinturón y su cara.

La muchacha gritó de sorpresa

al ver al enfermo.

Se calló un instante y 

dijo como si pudiera oírle:

- Yo no puedo sentir así.


La habitación todavía existe pero, 

Margarita dejó la poética fatal,

objeto de una admiración turbulenta:

"El insulto propio."


Regálale un rezo a Dios!

A la forma de tu credo.

Mira que no estamos solos.

A la agonía de existir;

A lo hermoso de existir,

Mira que no estamos solos.


Es un precioso mar de dudas

Casi que no lo contas!

Esbozaste una sonrisa

O un bostezo esquivo...

Tendrías todo el tiempo del mundo,

o un par de minutos,

Es una línea atemporal.

Merecedora de todo lo que somos.


Regalale un rezo a Dios

A la forma de tu credo

Mirá que no estamos solos

A la agonía de existir 

A lo hermoso de existir

Mira que no estamos solos







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